Cuando la imagen camina sola.

Antes de empezar quiero aclarar que cuando hablo de los políticos, estoy opinando sobre su imagen y la coherencia de la misma con su discurso y contenidos, no entro a valorar las ideas políticas de ningún partido pues todas son respetables. Dicho esto, vamos a entrar en materia:

Hace poco más de un año hablaba de la importancia de la imagen en la comunicación política, y hacía referencia al candidato del PSOE, Pedro Sánchez, por lo comentado que fue su atractivo físico. Ya avancé que dicho atractivo podía ayudar a reforzar su mensaje, siempre y cuando estuviera respaldado por un contenido, unas ideas y una personalidad acordes, ya que de lo contrario, quedaría en mero espejismo.

Pues bien, tras meses de escuchar contenidos y, sobre todo, después del último debate a 4 en A3media, he llegado a la conclusión de que la imagen de Pedro Sánchez camina sola. Me explico: si analizamos la imagen de los 4 participantes (no sólo en cuanto a vestuario, sino también en cuanto a postura, comportamiento y gestualidad) considero que la de Pedro Sánchez era la mejor:

-vestuario formal: decidió ponerse corbata para que se le percibiera como presidente, en lugar de llevar el cuello de la camisa abierto como hace habitualmente.

-postura erguida y firme.

-tono de voz adecuado, buena vocalización y ritmo ni excesivamente rápido ni demasiado lento.

-gestos que acompañaban a sus palabras reforzándolas, sin movimientos excesivos o nerviosos que distrajeran de lo que decía.

Albert Rivera hubiese tenido también una muy buena imagen si no fuese por los constantes movimientos y gestos de nerviosismo que mostró. Pablo Iglesias mantenía una postura firme y segura, con una imagen acorde a sus ideas y al electorado al que se dirige, aunque quizás excesivamente informal (y con algún fallo como el del bolígrafo y el sudor, que han sido muy comentados). Soraya Sáenz de Santamaría vestía de manera formal, pero el tipo de chaqueta que llevaba le daba una apariencia un poco parapetada y poco cercana, además, el hecho de ser la de menor estatura de todos no le favorecía, por lo que, para contrarrestarlo, podría haber elegido otras prendas que visualmente alargaran su figura, con lo que su imagen se habría visto más equilibrada respecto al resto.

Así pues, volviendo a Pedro Sánchez, su imagen era perfecta…¿pero qué decía? el mensaje que transmitió varias veces y que utilizó en su alegato final (el más importante) se basó únicamente en que la mayoría de la gente quiere un cambio de gobierno… y por tanto lo tienen que votar a él, ya que se presenta como la única alternativa…Pobre argumento teniendo en cuenta la situación que vive el país y el empuje que mostraron los dos partidos emergentes. Por eso digo que su imagen caminaba sola, porque no estaba dotada de contenido que la acompañase. Una imagen potente con un contenido flojo, que se veía acentuado todavía más por el contraste con los dos nuevos candidatos (Iglesias y Rivera) los cuales lanzaban propuestas claras y concretas, mientras que los partidos tradicionales se perdían la mayor parte de las veces en generalizaciones.

Esta postura un tanto acomodada por parte de Sánchez y de defensa ante los ataques por parte de Sáenz de Santamaría, frente al empuje de los nuevos, también quedaba reflejada en la posición de cada candidato en el cuadrado que delimitaba su espacio: los dos emergentes (Iglesias y Rivera) estaban situados todo el tiempo en la parte delantera, incluso Rivera cuando intervenía avanzaba más y a veces llegaba a rebasar la línea de delante; Sánchez estaba posicionado un paso por detrás de la línea delantera, cuando intervenía avanzaba y se situaba delante, para volver luego a su posición inicial;  Sáenz de Santamaría fué la única que no avanzaba su posición, se situó al principio un paso por detrás de la línea, sin moverse cuando intervenía, y desplazándose progresivamente hacia atrás conforme iba transcurriendo el debate, quedando ya en las últimas intervenciones prácticamente pegada al taburete, en un movimiento que se podría interpretar como de repliegue defensivo.

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En definitiva: bastante coherencia en general entre el mensaje verbal y la comunicación no verbal, excepto en el caso de Pedro Sánchez que ha trabajado mucho su imagen pero no tanto los contenidos, que se han quedado un poco cojos y no caminan con ella.

Imágenes extraídas de A3media http://www.atresplayer.com
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